miércoles, 16 de octubre de 2013

Paso 4 para salir de deudas: Al toro, ¡por los cuernos!

Este es, quizás, el mejor consejo que te puedo dar para salir de deudas. Enfrenta la situación directamente: habla con tu banco para exponer tu caso y solicita una solución a través de un esquema de pago con condiciones más flexibles.

Con una alta probabilidad, al leer el párrafo anterior, te preguntaste si en realidad esa es la solución. ¿No sería mejor obtener un préstamo más barato y pagar el caro? ¿O pedir prestado a un familiar o a un amigo? ¿O comprometerte con un plan riguroso de recorte de gasto? ¿O renunciar a tu trabajo para cobrar el fondo de ahorro y pagar con eso? Todas estas medidas las he escuchado de gente endeudada con tarjetas de crédito. Incluso, ¡yo mismo recurrí a algunas de ellas! Lo triste es que ninguna resuelve el problema de fondo por sí misma.

Enfrentar el problema directamente como primera medida de ajuste es de vital importancia para salir de deudas. Te preguntarás, ¿por qué el banco estaría interesado en ofrecerme una alternativa? Bueno, por varias razones.

En primer lugar, estarías cambiando la dinámica de huirle al banco a la hora de pagar tu tarjeta. Imagina la posición del banco en el momento en el que, en lugar de estarte hostigando a través de las constantes llamadas telefónicas del área de cobranza a tu casa o, incluso, a tu centro de trabajo, de repente se encuentra con que tú lo estás buscando para llegar a un arreglo. Eso fortalece tu posición negociadora.

Segundo, el banco pierde dinero cuando deja de cobrar los créditos que otorgó. En la práctica, los bancos mantienen una partida contable como "provisión" o "reserva" contra cuentas incobrables; es decir, asumen que durante el año, cierto porcentaje de personas no pagará. Sin embargo, como te mencioné, se trata de una provisión contable únicamente. Cuando llegue el cierre de año, los directivos tendrán que mostrar en sus resultados que perdieron dinero por no haber podido cobrar lo que prestaron. Esto seguramente impactará en sus pagos de bono anual.

Y tercero, la recuperación de cartera vencida también impacta en los resultados del banco.

Ahora bien, al negociar un esquema de pago, solicita siempre un periodo de gracia. Esto es, un periodo dentro del cual no tendrás que hacer ningún pago al banco. Por lo general, este periodo es de sólo un par de meses, pero seguramente servirá de oxígeno puro para tus finanzas. El esquema de pago al que llegarán incluirá pagos mensuales fijos a una tasa de interés más baja que la de tu tarjeta de crédito y por el plazo que convengan tú y el banco. Acepta el esquema de pago con el que te sientas cómodo y, más importante, que puedas cumplir.

Un último consejo: no te recomiendo aceptar una quita sobre el monto que debes. Aunque en principio pueda resultar atractivo, esto te puede condenar a no ser sujeto de crédito en el futuro para tu banco, ¡ni para ningún otro! Tal vez no lo sepas, pero en el buró de crédito aparecerá una nota en la que diga algo como: "pagó, causando un quebranto a la institución bancaria". Es una leyenda lapidaria en tu historial crediticio. Mejor pagar completo

Toma chocolate, paga lo que debes.

jueves, 12 de julio de 2012

¿Qué tienen en común el sexo y la educación financiera?

En mi casa, como en muchos hogares de la sociedad mexicana, el tema del dinero era un tabú. Hablar de dinero "era cosa de 'grandes' o de adultos". Mientras escribo estas líneas, hago memoria y no recuerdo haber ido nunca al banco con mis papás. Tampoco me acuerdo de haber ido a sacar una cuenta de ahorro con ellos. La imagen que sí tengo es la de mi padre rompiendo sus tarjetas de crédito con unas tijeras.

Tengo que ser justo. Sí hubo un par de intentos de mis papás por fomentar mi ahorro. En los años setenta el antiguo Banco del Ahorro Nacional lanzó un programa de ahorro para niños a través de una planilla. Para comprobar los depósitos, se pegaban a la planilla unas calcomanías semejantes a los timbres postales. Había unas de color café y unas de color rosa, dependiendo del monto del depósito. Nunca supe qué fue de esa planilla con timbres. El otro intento fue una alcancía que me regalaron como a los 12 años. Era esencialmente un bote con el personaje de Sport Billy impreso. La tapa con la rendija se quitaba para sacar el dinero, lo que lo hacía más eficiente que las alcancías de cochinito hechas de cerámica que había que romper cuando se llenaban.

En muchísimos casos, el manejo del dinero no se nos enseña en la casa. Al igual que el sexo, la "educación" se deja a la escuela (si bien nos va) o a la vida. ¿Cuál es la consecuencia? Que salimos a la calle, empezamos a trabajar y a ganar dinero y, simplemente, no sabemos qué hacer con él. O mas bien, lo único que sabemos es malgastarlo. Y los pocos que lo ahorran, lo hacen "bajo el colchón", en una alcancía escondida en el clóset o en algún cajón, o en una cuenta de cheques que casi no paga interés (nominal).

En estos días, quizás habrás escuchado de temas como la inclusión financiera, la bancarización y la educación financiera. Son temas que han cobrado relevancia en nuestras economías y, hasta cierto punto, "están de moda". Pero, a diferencia de los temas sobre sexualidad, estos no se enseñan en la escuela. Hay quienes proponen incluir la educación financiera en las escuelas como una materia, ya sea específica o dentro de otras asignaturas. Lamentablemente, eso tomará muchos años (capacitación de los profesores; reformas a los temarios oficiales; voluntad política; definición y alcances del contenido de los cursos, y un largo etcétera) y algunos estudios, incluso, señalan que sus efectos serán mínimos. Piensen en cuantos licenciados en administración, en finanzas, en economía, en derecho, médicos y muchos otros profesionistas tienen problemas en el manejo de sus finanzas personales. ¡Y eso que cuentan con un altísimo nivel de instrucción!

Creo que la educación financiera debe empezar desde la casa. De la misma forma en la que nuestros padres nos enseñan a sentarnos correctamente en la mesa y a comer con la boca cerrada, así nos deberían enseñar a entender y manejar el dinero. Y para romper con la brecha que existe actualmente entre lo que saben los adultos y lo que le enseñaremos a nuestros hijos, lo que tenemos que hacer es CAPACITARNOS A NOSOTROS MISMOS. En la era de la información y las comunicaciones, existen cientos de sitios a los cuales podemos acudir para obtener información y capacitarnos. Y lo mejor de todo, ¡gratuitos!

Así que ¡capacitémonos! Pongamos en práctica lo que aprendamos y enseñemos a nuestros hijos desde ahora (o cuando los tengas) a manejar y entender el dinero.

miércoles, 20 de junio de 2012

La salud y tus finanzas personales

Todavía lo recuerdo. Estaba jugando fútbol 7 y fui a pelear un balón por la banda derecha. El defensa logró despejar la pelota, pero yo me quedé en el sitio casi sin aire. "No podía ser", pensaba. El partido acababa de empezar y ya estaba cansado. Es cierto, no había estado haciendo ejercicio entre semana y mis hábitos alimenticios habían empeorado, pero esto... No era posible.

Me fui a hacer unos estudios y me detectaron niveles muy altos de colesterol. Y cuando digo altos, me refiero a casi el doble del rango superior del colesterol malo (LDL). Esa era la causa. La sangre no estaba llegando a todos los rincones de mi cuerpo con la velocidad debida. Tenía que cambiar de hábitos pronto.

Durante el primer año seguí una dieta muy rigurosa. Nada de grasas animales ni grasas saturadas. Empecé a navegar en la internet para documentarme acerca de las causas del colesterol y de posibles remedios.

Entre las medidas que adopté fue la de llevarme comida preparada en casa al trabajo. De esa forma, me aseguraría que lo que estaba comiendo fuera rico y saludable. Después de unos meses me di cuenta de algo extraordinario. Y no me refiero a la disminución de mi grasa corporal y niveles de colesterol. Me percaté que una parte de mi estaba engordando: ¡mi cartera!

Y es que, como desayunaba antes de salir de mi casa y me llevaba comida al trabajo, dejé de gastar en comidas en restaurantes. Entonces hice la cuenta: si pagaba $80 pesos diarios en desayunos y $150 pesos diarios en comidas, eso significaba $230 pesos diarios en comidas. Es decir, $4,600 pesos al mes. Si a eso le sumamos los $50 pesos diarios de salidas a la "tiendita" a medio día, son $1,000 pesos más al mes. En total, ¡$5,600 pesos mensuales en comidas y antojos! O bien, ¡$67,200 pesos anuales! Eso sin contar las clásicas salidas a comer por el cumpleaños del compañero de trabajo, las comidas que se alargaban, las cooperaciones para el pastel de tu secretaria, etcétera.

¿Qué hubiera pasado si ese dinero lo hubiera destinado al ahorro? Te imaginas, un ahorro mensual de $5,600 pesos te resultaría en un muy buen fondo al final del año. Aún más, si utilizaras una cuenta de ahorro o tuvieras un fondo de inversión, tu fondo sería mucho mayor.

Sé que las comidas sociales son inevitables y que no es nada "cool" llegar con tu hielera o tu lonchera al trabajo. Pero si te administras y decides una vez a la semana comer fuera, pero disciplinarte a llevarte tu comida el resto de los días, la recompensa será en dinero "contante y sonante".

viernes, 15 de junio de 2012

¡Págate a ti mismo!

"Págate a ti mismo. Págate una renta mensual". Ese fue el consejo que recibí de uno de los directores de la dependencia en la que trabajaba. En ese entonces, era mucho más chavo y empezaba a sufrir con mis finanzas personales. Para ese momento, ya acarreaba saldos en mis tarjetas de crédito y buscaba alternativas de solución para pagar mis deudas.

Recuerdo que estaba platicando de finanzas personales con este director. Seguramente le pedí prestado (una de las muchas cosas que hacemos/hicimos los que tenemos/tuvimos deudas). Fue entonces cuando se dijo sorprendido de que alguien tan joven, alguien que empezaba a trabajar, tuviera deudas en sus tarjetas de crédito. Me empezó a decir que tenía que reducir mi gasto y me recomendó ahorrar. Y justo uno de esos consejos fue el que le da título a este post: "Págate a ti mismo".

Se refería a que, todos los meses, destinara una cantidad fija (una renta) al ahorro. Y ese monto debía estar considerado en todas mis quincenas como un pago más. Es decir, no iba a ahorrar "lo que me sobrara" de cada quincena. Iba a hacer un compromiso de ahorro conmigo mismo destinando una cantidad fija mensual a ahorrar.

Seguí ese consejo desde entonces y puedo decir que logré reunir un fondo que eventualmente me sirvió para ir pagando poco a poco mis tarjetas de crédito. Para mí, esa forma de ahorro resultaba novedosa: no como un enfoque residual, sino como un compromiso.

Ahora, puedo decirte que ese mismo argumento lo puedes utilizar para ahorrar en muchos otros aspectos de tu vida diaria. Por ejemplo: si estás en tu casa y decides que, en lugar de llamar a la muchacha, tú vas a ordenar tu cuarto o a limpiar tu closet o a lavar los trastes, ¡págate a ti mismo lo que le hubieras pagado a la muchacha! Si te preparas tu propio desayuno antes de ir al trabajo, ¡págate lo que le hubieras pagado de propina a un mesero! Si haces tú mismo una reparación en tu departamento o decides colgar aquel cuadro que te regaló tu novia en tu cumpleaños en vez de pagarle a alguien que lo haga, ¡págate tú mismo!

Los economistas nos referimos al costo implícito de una decisión como su "costo de oportunidad". Y dicho costo de oportunidad lo medimos a través de la "segunda mejor alternativa". Los ejemplos que te platiqué en el párrafo anterior son ejemplos de costos de oportunidad. La idea es capitalizar ese costo de oportunidad.

Con este pequeño consejo, no sólo obtendrás ahorros importantes. Capitalizarás tu ahorro (materializando o monetizando tu costo de oportunidad) y te sentirás mejor contigo mismo dándole mayor valor a las cosas que haces.